La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos


Nuevas condiciones. La caída del financiamiento hipotecario y el endurecimiento de las condiciones bancarias alejan a trabajadores informales y familias de bajos ingresos del sueño de acceder a una casa propia en Bolivia. Hay cuotas de más de Bs 6.000 al mes

Isabel Sandy no quiere volver a un banco. Lo afirma con una mezcla de resignación y rabia. Tiene 47 años, tres hijos y lleva 25 años trabajando como artesana en la Manzana 1. Es presidenta de la asociación 24 de Septiembre, y conoce el sacrificio de ganarse el día vendiendo con las manos. Pero ella no califica para acceder a un crédito de Vivienda de Interés Social, creado en 2013 para dar una solución habitacional a las personas con bajos ingresos, pero que, tras 13 años, no llegó a este segmento de la población.

“Es mentira, es una pérdida de tiempo”, repite.

Recuerda que fue a pedir un crédito el año pasado. Solo entró a un banco. No necesitó visitar más. “Basta con uno que me digan que no”, señala la artesana.

 

Le hicieron volver varias veces. “La próxima semana”, “la vamos a llamar”, “está en trámite”,pero nunca llegó la llamada.
Ella quería una casa para salir de la vivienda de su madre, donde aún vive junto a sus hijos. Pero ha descartado su proyecto.
“Todo está caro, todo está difícil. Yo creo que me quedaré en la casa de mi mamá nomás”, dice.

Testimonios


Según la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), el crédito de vivienda en Bolivia entró en una etapa de estancamiento después de años de fuerte crecimiento.

 

La cartera hipotecaria cayó a Bs 54.056 millones hasta abril de 2026, por debajo de los niveles de 2024 y 2025. La desaceleración también afecta a la Vivienda de Interés Social (VIS), cuya cartera descendió de Bs 31.845 millones en 2023 a Bs 29.270 millones en la actualidad.

Frustración

Sandra Ayllón cuenta otra historia parecida a la Isabel. Intentó tres veces conseguir un crédito de vivienda social, pero siempre le faltaba algún requisito.
Lo que más la golpeó no fueron los papeles, sino el dinero que debía demostrar tener antes de acceder al crédito.
“Teníamos que tener 50 y 50”, explica. La mitad del valor de la vivienda debía salir de sus propios ahorros. Para una familia numerosa, aquello era imposible.


Sandra tiene 44 años y vive junto a siete familiares más en la casa de su abuelo. Ocho personas compartiendo espacios prestados mientras el sueño de la casa propia sigue aplazándose. “Da tiempo todavía”, dice tratando de convencerse a sí misma.

 

En otro extremo de la ciudad, Dalia Ortiz vive en anticrético y tampoco pudo acceder a un crédito pese a años de intentarlo. Dice que incluso teniendo trabajo los requisitos son una barrera.


“Tenés que tener aportes, cuenta bancaria, respaldo económico… y aun así no alcanza”, dice. Acudió al plan de vivienda social del Estado y visitó dos bancos. En todos sintió la misma frustración.


La crisis económica, el desempleo y la informalidad han terminado convirtiendo el acceso a una vivienda en un privilegio distante. Para quienes no tienen salario fijo, la posibilidad parece todavía más lejana.

 

Miguel Delfín Paz tiene 62 años y lleva 35 trabajando en gastronomía. Nunca tuvo un sueldo estable. Ganaba por porcentaje, dependiendo de cuánta gente entraba al restaurante.


Hoy paga Bs 600 de alquiler. Dice que quizá con un trabajo fijo sí habría accedido a una casa, pero la realidad fue otra. Y ahora siente que la edad juega en contra.


“Los bancos miran el carné… la edad”, dice sin enojo, pero con el cansancio de quien trabajó toda una vida sin lograr algo propio.
“Pero qué vamos a hacer. A veces la oportunidad no se da”, dice.

La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos
Obras inconclusas. Muchas personas han dejado a medias la construcción de sus casas por falta de recursos económicos.
Subieron las cuotas

Franz Rivero revisa los reportes de ventas inmobiliarias. Habla pausado, como quien repite una preocupación que escucha todos los días entre constructoras, corredores y familias que buscan una vivienda. Desde su oficina, el presidente de la Cámara Inmobiliaria de Bolivia resume el cambio que golpeó al mercado inmobiliario en los últimos años con una frase sencilla: “La cuota se ha vuelto inviable”.


Hace apenas cuatro o cinco años, una pareja joven podía proyectar la compra de una vivienda social pensando en cuotas relativamente manejables. Un departamento pequeño o una casa en zonas alejadas de la ciudad podía pagarse en 25 o incluso 30 años. Hoy, según Rivero, ese escenario prácticamente desapareció.


“El interés se mantiene entre el 5,5% y el 6,5%, pero el problema es que los plazos se han entre 10 y 15 años”, explica. Los bancos, dice, endurecieron las condiciones para otorgar créditos de Vivienda de Interés Social debido a la coyuntura económica del país. El resultado es inmediato: cuotas más altas.
Hace algunos años, una vivienda de $us 80. 000 podía financiarse con cuotas de entre Bs 3.500 y Bs 4.000 al mes. Hoy, la misma casa, con créditos reducidos a 10 o 15 años, puede exigir pagos cercanos a los Bs 6.000 mensuales.


“Es prácticamente un sueldo entero”, afirma.


La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos
Muchas construcciones se venden para pagar el crédito

La consecuencia es que el crédito de interés social perdió justamente el rasgo que le daba sentido a su nombre. “Ya no tiene nada de interés social”, reconoce.


Rivero señala que existen viviendas de entre $us 40.000 y $us 50.000. Son construcciones pequeñas, similares a monoambientes adaptados, con patio y parqueo. Pero esas casas implican cuotas mensuales de entre Bs 3.000 y Bs 4.000, cuando antes una vivienda económica podía pagarse entre 1.300 o Bs 1.500 al mes.

La Vivienda de Interés Social nació para acercar la casa propia a sectores históricamente excluidos del sistema financiero. Trece años después, muchas de esas personas siguen viviendo en alquiler, en anticrético o compartiendo techo con familiares. Afuera de los bancos, el sueño continúa esperando.

Plantean reformar el crédito de vivienda social y crear garantías para reactivar el sector
El sector inmobiliario propuso al Gobierno una reforma al modelo de vivienda social con el objetivo de reactivar los créditos hipotecarios, reducir el déficit habitacional y frenar la caída de la construcción en Bolivia.


La propuesta fue presentada por la Cámara de Desarrolladores Inmobiliarios de Bolivia y plantea dos cambios centrales: actualizar las tasas de interés del crédito de vivienda social y crear un sistema estatal de garantías que cubra parte del riesgo de los préstamos.


Para Juan Pablo Saavedra, el actual esquema de vivienda social “cumplió su ciclo” y dejó de funcionar en el contexto actual.


“Las tasas siguen reguladas entre el 5,5% y el 6,5%, pero los bancos tienen un costo de financiamiento mayor que eso. Ninguna entidad puede trabajar a pérdida”, sostuvo.


Según explicó, esto provocó que la cartera de vivienda social entre en una “caída libre”. De acuerdo con sus datos, los créditos de vivienda social disminuyeron cerca de Bs 2.500 millones y continúan bajando

Testimonios
La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos
Sandra Ayllón, artesana
Lo intenté unas tres veces, en diferentes bancos, y siempre era lo mismo: una infinidad de requisitos. Lo más difícil era tener la mitad del dinero de lo que costaba tu casita. Es frustrante, porque te ven de pie a cabeza y dicen: ´esta no va a poder´; tus papeles los archivan y listo. Somos una familia de ocho y sí deseo tener una casa espero que el tiempo nos alcance.

La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos
Dalia Ortiz, docente
Acceder a un crédito de vivienda en Bolivia es muy difícil. Los requisitos son los mismos desde hace muchos años y cada vez se complican más. Te piden trabajo estable, aportes, una cuenta bancaria y respaldo económico. Yo he intentado durante muchos años y, aun trabajando, no cumplía con todo lo que exigían.

La vivienda social deja de ser accesible; las cuotas se duplican y bajan los plazos
Miguel Delfín Paz, cocinero.
Trabajé 35 años en gastronomía, pero siempre a porcentaje. Si entra gente, ganás; de lo contrario, no. Nunca tuve un trabajo fijo y así es difícil pensar en una casa propia. Ahora peor, porque uno ya tiene 62 años, va a buscar trabajo y lo primero que miran es la edad. Después de tantos años trabajando, duele no haber podido conseguir algo propio. (El Deber)